Montañistas, científicos, un músico, un alcalde y un congresista anunciaron hace 30 años que Armero en peligro si no se evacuaba. Aun así, el Estado ha sido exonerado de toda la responsabilidad en la tragedia.
Arriba, en la cumbre, el glacial estaba completamente amarillo y aveces tenia color de limón. era difícil caminarlo para los montañistas que subían al nevado, por que estaba erizado como agujas de nieve de un metro de altura, esculpidas por el calor del cráter y talladas por el viento.
Desde las alturas de la Mesa de Herveo o Nevado del encomendero Francisco Ruiz, como se conoce desde los tiempos de la colonia, esta montaña que los indios llamaban Cumanday, se veían muy abajo, las luces de los pueblos de Caldas.
unos kilómetros arriba de los montañistas, la enorme fumarola de vapor y agua con olor sulfuroso se diluía en la estratosfera.
Para ese entonces, faltaban exactamente 105 días para que esa cascada de bloques de hielo se convirtiera en 100 millones de metros cúbicos de fango arrojados sobre Armero, a 100 kilómetros por hora.
esta ola de llena de piedras incandescentes arrasó por completo todo cuanto encontró a su paso en 25 kilómetros de valle que hay entre Armero, Cambao y Ambalema.
Tal como había hecho en 1592, 1700 y 1845, y como lo volverá a hacer en 2095 y 2235. El glacial que hoy tiene 11 kilómetros cuadrados y unos 400 millones de metros cúbicos de hielo, pende sobre la cordillera que pasa por el Tolima a 5.300 metros. A pesar por el deshielo provocado por la erupcion y el calentamiento global, esta espada de Democles apunta todavía a unos cinco millones de personas y una veintena de ciudades en el centro del país.
El día del desastre que borró a Armero del mapa, no sonaron las alarmas, no hubo entendimiento entre la alcaldía y la gobernación y mucho menos hubo una orden de evacuación sino hasta cuando se detectó la erupción. muchos funcionarios del Estado no quisieron atender a la advertencia final de Ingeominas, que en la semana del desastre había emitido un comunicado refiriéndose a una inminente avalancha.
Mientras tanto, en Bogotá, el representante a la Cámara, Humberto Arango citó el 24 de septiembre de 1985 a cuatro ministros de gobierno de Belisario Betancur y les advirtió sobre la erupción inminente del volcán Nevado del Ruiz. "No quiero ser profeta de desgracias, pero los
fenómenos que vienen sucediendo nos conducirán ya no a presagios sino a la
catástrofe misma. Hay amenazados 16 departamentos y tres millones de personas.
Que no se diga que no se advirtió al Estado de cumplir con sus funciones a
tiempo".
Los ministros, con el gesto inequívoco de quien está perdiendo el tiempo frente a un sujeto que simplemente pretendía ganar vitrina política, contestaron al cuestionamiento sobre medidas preventivas y aseguraron que "no se incurriría" en improvisaciones para manejar la emergencia.
la altitud indiferente y poco consciente del Ministro de Minas, del Gobernador del Tolima, del Ministro de Obras y de la misma Presidencia frente a la contundencia científica simplemente afirmaba la advertencia del manual de la ONU haciendo referencia sobre los políticos como mayor riesgo en caso de erupción.
la noche del 13 de noviembre, tras tres horas de una muy difícil reunión en Ibagué, los expertos de la cruz roja y de las entidades del Departamento del Tolima recomendaron dar la orden de evacuación. A las 9:30, los funcionarios de la red de alertas establecidas por Ingeominas, conformada por guardianes y operarios en las antenas de retransmisión ubicadas a 4,000 metros de altura cerca del páramo de Letras, reportaron el comienzo de la erupción.
Esa noche, el gobernante Garcia Alzate se negó a pasarle al teléfono al Alcalde de Armero. Dicen que estaba jugando billar.
La jornada terminaría con la muerte de 25.000 personas que habitaban en Armero y que no tuvieron posibilidades de salvarse.
Por tal motivo, el 23 de Abril se conmemoró la tragedia de Armero en el Auditorio Jose Felix Restrepo de la Pontificia Universidad Javeriana.
Con la participación de invitados que estuvieron en el lugar de la tragedia, quienes perdieron a uno de sus seres queridos en la avalancha que arrazó con el pueblo, se realizó una conferencia sobre el tema.
Este acontecimiento pasó hace tanto tiempo, incluso yo no estaba ni en planes pero este encuentro fue un espacio para acercar a Armero a la pequeña burbuja en la que vivimos.
De Armero recuerdo muy poco, solo sé que la gente sufría por una niña que se encontraba atrapada en el lodo y que no pudo salvarse pero quiero creer que este episodio no es tan superficial como hablar solamente de Omaira.
en una intervención, uno de los penalistas especializado en atención a desastres hizo referencia de lo que le pasaría a Bogotá y lo hizo en un tono algo apocalíptico. si bien se sabe, este desastre pudo haber sido menor si el gobierno hubiera atendido a las llamadas de alerta que se registraban, pero como en Colombia solo volteamos a mirar cuando es demasiado tarde, solo quedó llorar a las victimas.
Todos los invitados hablaron de la importancia de prevenir, de estar atentos a los mensajes que nos da la tierra e implementar estrategias que buscan evitar el triste episodio de Armero.
Armero es el recordatorio de que cada explosión volcánica es simplemente un pulso más del planeta tierra, un latido de un ritmo tan lento que no alcanzamos a percibir su media pulsación en el curso de una corta y perseverante vida. el siguiente pulso está en marcha. ya pasaron 30 años: solo faltan 80.